Verónica Falcón del Pozo. Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico.
Introducción
Los trastornos de la alimentación y de la ingesta de alimentos son un grupo de enfermedades psiquiátricas complejas y de difícil tratamiento. El DSM-5 diferencia entre siete categorías: la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracones, los trastornos no especificados de la conducta alimentaria, pica, trastorno de rumiación y trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos.
Se ha escogido este tema, ya que la importancia de estas patologías radica en que presentan una significativa morbimortalidad y una detección precoz de la misma puede llegar a tener un diagnóstico favorable.
Los objetivos se centrarán en analizar los usos inadecuados de los hábitos alimenticios para determinar su relación con los posibles trastornos del paciente psiquiátrico.
Metodología
Revisión sistemática de diversas fuentes bibliográficas, búsqueda exhaustiva de publicaciones en revistas científicas y en bases de datos de la Universidad de Oviedo.
Desarrollo del tema
La alimentación tiene una relación directa con el padecimiento de ciertas enfermedades mentales. Pues aquellas personas con alguna patología mental tienen carencias, en su gran mayoría, de nutrientes que van a ser importantes para que el cerebro funcione correctamente. El cerebro precisa de aporte glucosídico para sus procesos metabólicos y por ello es tan importante su aporte en la dieta. Si no existe este aporte, se producen alteraciones en el funcionamiento cerebral y esto es sus últimas consecuencias puede desembocar en una posible disfunción mental.

Las emociones tendrán un rol en la elección, calidad y cantidad de alimentos ingeridos, lo que llevaría al aumento o disminución del peso corporal. La relación entre las emociones y la conducta alimentaria es bidireccional y es dependiente del contexto, de la escasez de la emoción en cuanto a su valencia, excitación e intensidad, así como de la escasez fisiológica del sujeto. Dentro del contexto de la obesidad, se ha descrito el concepto del “comedor emocional” como aquel individuo que utiliza los alimentos como un mecanismo disfuncional para afrontar sus emociones negativas como la ira o las frustraciones entre otras. Estas emociones negativas estarían más presentes en situaciones de alto estrés percibido (aumento excesivo de cortisol), lo que conllevaría al aumento de la ingesta de alimentos llamados “reconfortantes”, como lo son aquellos altos en azúcares y grasas
La alternativa psicológica en los pacientes psiquiátricos es intentar canalizar los problemas en los que hay una excesiva rumiación para que con el paso del tiempo el paciente vaya modificando los pensamientos negativos a positivos.

Conclusiones
En caso de las enfermedades mentales, se deben consumir alimentos ricos en vitaminas ya que van a revertir en mejorar el estado mental del paciente. Y una alimentación rica en nutrientes lo que va a ayudar es a sufrir menos cambios en el estado de ánimo. Por lo tanto, la ayuda profesional junto al tratamiento temprano, aumentará notablemente tanto la recuperación física como la emocional.
